EL CREDO

Creo en Dios Padre Todopoderoso,

Creador de cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo su único hijo,

Nuestro Señor, que fue concebido

Por obra y gracia del Espíritu Santo,

Nació de Santa María Virgen

Padeció bajo el poder de Poncio Pilatos.

Fue crucificado, muerto y sepultado.

Descendió a los infiernos,

Al tercer día, resucito de entre los muertos,

Subió a los cielos, y está sentado

A la derecha de Dios Padre Todopoderoso,

Desde allí ha de venir a juzgar

A los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo,

En la Santa Iglesia Católica,

En la comunión de los Santos,

En el perdón de los pecados,

En la resurrección de la carne

Y en la vida eterna.

Amén.

¿Qué es tener fe? ¿Qué es amar?

La palabra creer, significa confiar, fiarse, abandonarse en alguien.  Es tener fe en alguien, pero la fe necesita solidez, tenacidad,seguridad, solidez, fundamento, firmeza. La fe, la confianza y el amor, son una misma cosa. El hombre de fe no se  conforma  solo con buscar el por qué y el para qué de las cosas del mundo, sino que también busca y elige  a alguien que ama, que; a algo que no ama. La fe rebosa el corazón de la persona, pero lamentablemente; esta palabra tan corta y tan grande a la vez, se le ha dado muy mala interpretación.

Tanto el hombre como la mujer, a lo largo de su vida dicen tener fe y creer en Dios, también  manifiestan que aman mucho. ¿Pero en realidad, sabemos, que es tener fe?, que es amar? No podemos decir “yo amo”, cuando no sé qué es amar, tampoco puedo decirle a Dios “yo creo en ti Señor” sino sé qué significa tener fe, creer en él.

El verdadero sentido de la fe

Precisamente esto, es lo que hoy muchos cristianos, hemos descuidado el verdadero sentido de la fe, o peor aún, no nos hemos interesado por conocer más, a Dios y amarlo para poder confiar en él, porque si bien es cierto que, si no lo conocemos, sino lo amamos, no podemos creer. Nadie cree en lo que no ama, nadie ama lo que no conoce y nadie da, lo que no tiene. Como trasmitir la fe, como aconsejar al otro, a que confié, que crea, si no estamos convencidos de lo que decimos conocer, nuestra fe, nuestra confianza está muerta, no la vivimos.

Muchas personas, creen a cambio de algo, es decir, que si no ven no creen, el mismo hijo de Dios, Jesús, tuvo que mostrarle las heridas de sus manos, las cicatrices que le dejaron los clavos, con los que lo crucificaron en la cruz; a Santo Tomas y permitirle que se las tocara, para que creyera en él, después de su Muerte y Resurrección. Este hombre creyó porque había visto. “Dichosos los que creemos sin haber visto” dice Jesús. Y es que precisamente, de esto se trata la fe cristiana, creer en lo que no vemos.

Jesús se aparece ante los apóstoles y le pide a Tomás que lo toque

A Dios no lo vemos, pero sabemos que existe hoy, mañana y siempre, y por amor a la humanidad envió a su único hijo como nuestro salvador y cumplió con su promesa divina, el dejarnos al Espíritu Santo como un consolador. También estamos llamados a ser iglesia por el bautismo, a creer en  nuestra Madre la Iglesia. El hombre de fe descansa en Dios, porque sabe que es su padre, que lo ama porque lo ha creado y le ha dado la vida.

La fe nos asegura que hemos salido de Dios y que vamos hacia Dios, tanto para todas las personas, esto debe ser nuestro más grande orgullo y nuestra mayor  riqueza; que somos hijos de Dios y que nuestra mayor  esperanza, que volveremos a él. Todos los hijos de Dios nos hacemos cristianos desde el bautismo es allí donde recibimos la fe cristiana como un don.

Por esa fe cristiana creemos que Dios existe, vive y actúa, que es infinitamente perfecto, todo lo grande, todo lo bueno, todo lo valioso se encuentra en él. Que por ser infinito en poder, es el todopoderoso, el glorioso, el ser supremo, el único, el padre eterno. Que por ser eterno existe por siempre y nunca dejara de existir, no tuvo principio ni tendrá fin, es sencillamente inmortal. El cristiano, además, debe saber y creer, estar plenamente convencido que Dios por ser incomparablemente bueno, solo puede hacer el bien.

La fe cristiana nos permite creer que, ese Dios vivo tiene tres personas realmente distintas, pero son al mismo tiempo el verdadero y único amor, no dejan de ser uno. El  Dios Padre, que es Omnipotente, el creador. Dios Hijo como el maestro con toda su sabiduría y bondad. Dios Espíritu Santo como el consolador, el bondadoso. Los tres actúan juntos, donde esta uno,están los tres. Este es un gran misterio que se conoce como la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), una verdad revelada por Dios que los hombres no podemos comprender, pero que si debemos creer. Nuestro deber de cristianos para con este Dios verdadero, principio de toda vida y dador de todo bien, es: adorarlo como Dios, servirle como a Señor y cumplir su voluntad, obedecerle siempre.

La Santísima Trinidad: Padre, hijo y Espíritu Santo

La Iglesia Universal; que es una, santa, católica y apostólica, cree y enseña principalmente las verdades de la fe como se contienen en la oración del credo. El credo es un dogma, profesión, afirmación o confesión de fe que es conllevada por una comunidad religiosa y es una fórmula que se recita en la liturgia de la misa.

Son dos  las fórmulas utilizadas en la iglesia católica, el símbolo niceno constantinopolitano llamado también símbolo o credo niceno y el símbolo o Credo de los Apóstoles. El credo Niceno se comienza a recitar en la misa en Roma, por primera vez en la historia en el año 1014, por la aprobación del Papa Benedicto VIII.

El credo, es la profesión de nuestra fe

El credo de los Apóstoles es un símbolo bautismal de la iglesia romana, la que fue sede del Apóstol San Pedro, se llama Símbolo o Credo de los Apóstoles, porque contiene las verdades de la fe, que enseñaron los apóstoles. Muchos personas piensan que el credo es una oración que deben aprenderla, memorizarla solos niños o jóvenes que se preparan para recibir el Sacramento de Comunión o el de la Confirmación.

Todos los creyentes, cristianos, todos los bautizados, estamos llamados a realizar nuestra profesión de fe, pues no basta con decir yo creo, debemos exclamarle a Dios siempre, nuestra fe y qué mejor manera, que a través de la oración del Credo.

En La Iglesia Católica, es norma que el Credo de los Apóstoles, se recite al final de la liturgia de la palabra, luego que el sacerdote u celebrante culmine la homilía. Se recita solo los días domingos y solemnidades. En algunos casos, cuando se hacen celebraciones eucarísticas, donde se procede a la renovación de las promesas bautismales, esta oración se omite. Cuando los que participan  en la misa, llamados creyentes, fieles, feligresía, pueblo de Dios o asamblea, recitan el Credo, están proclamando, confesando y compartiendo los misterios de su fe.

El Credo de los Apóstoles tiene tres partes, la primera enseña la doctrina que se refiere al Padre y a la Creación. La segunda enseña la doctrina que hace referencia al hijo y a la redención. Y la tercera enseña la doctrina que se refiere al Espíritu Santo y a la santificación y glorificación de los fieles. Así pues, cada vez que los cristianos recitamos fervorosamente el Credo, estamos renovando nuestra fe, viviendo a Dios, con el rezo del credo nos fiamos a Dios Padre Todopoderoso, a su Hijo Único Jesucristo, al Espíritu Santo y a la Santa Iglesia Católica.

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Oraciones y peticiones

Aunque algunas veces confundimos el significado de las oraciones con las peticiones, no son lo mismo. La oración del credo es una forma de demostrarle a Dios nuestra debilidad como seres humanos y como hijos pecadores que somos, una petición es algo específico que deseamos sea resuelto.

Muchas veces las personas optan por hacer uso de la magia blanca para que dicha petición tenga respuesta de forma rápida, pero la verdad es que para Dios la mejor forma de comunicación puede ser la oración antes de dormir. El día ha terminado y nada mejor que antes de dormirnos hablar con Dios y contarle nuestros problemas, y él nos proveerá de la mejor resolución.

En la noche también es un buen momento para orar por los hijos, porque los cuide en su camino, él como padre que es, entenderá nuestras aflicciones diarias. Siempre hagamos las oraciones de rodillas, frente a nuestra cama, y con la serenidad de que él dará respuesta a esas peticiones.

Preocupaciones por la salud

No es fuera de lo común que pidamos a Dios la recuperación de algún ser querido, en el mismo credo repetimos que creemos en la resurrección de la carne, pero también sabemos que queremos disfrutar en vida de nuestros familiares. Orar para sanar enfermos es una comunión entre Dios y nosotros, él escuchará nuestro clamor, y debemos estar seguros que él entenderá nuestra preocupación. También podemos hacer una oración milagrosa, esto nos dará más tranquilidad y nos acercará más hacia nuestro Padre Celestial, para poder recibir respuesta a eso que tanto nos preocupa.

Para una comunicación más cercana, podemos hacer oración a la magnífica, la madre de nuestro Dios, ella intercederá para que nuestra petición tenga pronta respuesta, y así será, amén.

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Imágenes de el credo

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