Credo Niceno Constantinopolitano

El credo niceno constantinopolitano  fue convocando por el Emperador Constantino, es el siguiente:

Creo en un solo Dios; Padre omnipotente,
Creador del cielo y de la tierra,
De todo lo vemos, así como también de lo que no podemos ver.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, hijo unigénito,
Proveniente Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero
De Dios verdadero, concebido, no creado
De la misma naturaleza del Padre, creador de todas las cosas;
que por todos nosotros,
por salvación del hombre, vino a este mundo,
por obra y gracia del Espíritu santo se encarnó de María,
La Virgen y se hizo hombre;
Y por nuestros pecados fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato;
Padeció, fue sepultado, y resucitó de entre los muertos al tercer día,
Según las sagradas escrituras, subió al cielo y está sentado a la diestra del Padre;
Y de nuevo ha de venir, con gloria para juzgar a vivos y muertos,
Y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
Que procede del Padre y del Hijo;
que junto con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
Y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una santa, católica y apostólica.
Creo en un solo Bautismo, para la redención
de los pecados. Confío en la resurrección de los muertos y la vida
más allá de la vida.
Amén

El concilio de Nicea.

El primer concilio ecuménico convocado por el Emperador Constantino, se realizó en Nicea, la misma es una ciudad griega muy antigua en Bitinia. Actualmente se le conoce como Iznik, y pertenece a la Provincia de Turquía, se llevó a cabo entre los meses mayo y junio en el año 325., se trató de un congreso o asamblea de carácter universal que reunió a las autoridades eclesiásticas (asistieron 318 obispos), de distintas tendencias religiosas que diferencian en sus dogmas. Su fin era restaurar la paz religiosa y unir a la iglesia pues estaba pasando por momentos muy críticos, pues la iglesia se encontraba en series controversias a raíz de la predicación de un sacerdote de nombre Arrio, quien en sus discursos negaba la divinidad de Jesús y no profesaba la Trinidad.

La polémica sobre la naturaleza de Cristo continuó por décadas y se Convoca otro sínodo para dar continuidad al debate de las ideas teológicas, concilio este que se llevó a cabo en Constantinopla en el año 381 y allí se acordó que el Espíritu Santo esta al mismo nivel de Dios y de Cristo, haciendo referencia a la Santísima Trinidad.

Al respecto, es importante resaltar que el Emperador Constantino gozaba de cierta estima, por cuanto a través del Edicto de Milán en el año 313, otorgó a los cristianos la libertad de culto, sin ningún tipo de persecuciones y/o atropellos, sin embargo, aun cuando tenía cierta empatía con el cristianismo no había sido bautizado, el mismo lo recibe durante su agonía, más se tienen referencias que para ese entonces, ya se había convertido al cristianismo.

En cuanto al rol a la destacada actuación de Constantino en el Concilio, fue trascendental y como líder medió al momento de establecer los acuerdos de manera muy responsable y objetiva sobre los planteamientos que allí se dilucidaron; no obstante, no influyo determinantemente en cuanto a la deidad de Jesucristo porque su fin era interceder para tratar de resolver el conflicto que se había originado por las afirmaciones que se venían haciendo en el curso de las actividades religiosas que la iglesia llevaba a cabo sobre la naturaleza de Cristo, más legisló que el Credo fuera endosado y además mandó que los bienes materiales de Arrio fueran decomisados por adversar y distorsionar la doctrina cristiana y en lo sucesivo igual trato aplicaría para sus seguidores.

Tiempo después, ya en el año 381, el Emperador Teodosio, fue su sucesor y decidió esta vez convocar un nuevo concilio, esta vez en Constantinopla, allí se hizo un abordaje sobre la Doctrina que tiene su basamento en la Santísima Trinidad, para contemplar algunos aspectos que no habían sido esclarecidos del todo, y allí se reafirma categóricamente que el Espíritu Santo está a la misma altura de Jesucristo y Dios.


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