Oración del credo para niños

Al  rezar el credo para niños, les enseñamos el camino de Dios y abrimos su corazón a través de él.

Creo en Dios Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra

Creo en Jesucristo, su único hijo,
Nuestro Señor, que fue concebido por
obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos, el tercer día resucitó
de entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha
de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,
La santa Iglesia Católica,
La comunión de los santos, el perdón de los pecados,
La resurrección de la carne
Y la vida eterna.

Amén”

Enseñar el credo a los niños

Los padres cumplen un rol fundamental en la vida y crecimiento espiritual de sus hijos, pues la paternidad responsable no solamente tiene que ver con el hecho de proveer a sus hijos de alimentos, vivienda y vestido sino también del alimento del alma, como lo es enseñarles a los pequeños de la casa los valores cristianos, para lo cual es necesario llevar experimentar una actitud de respeto y reverencia ante nuestro Dios, el Supremo creador. Al respecto las sagradas Escrituras en Proverbios 22:6 el sabio Salomón nos aconseja que debemos “instruir al niño en nuestro camino y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” por lo tanto inculcar los principios cristianos a los más pequeños de la casa los irá preparando en el camino del bien y para la salvación de sus almas.

Así como le enseñamos a nuestros hijos el Padre Nuestro que es la oración modelo que Jesucristo nos dejó, enseñándonos a nosotros, también le debemos enseñar la oración del Credo, el cual contiene tres aspectos básicos a saber:

  • “Creo en Dios Padre, todopoderoso. Creador del cielo y de la Tierra”, es fundamental enseñar al niño(a), a amar a Dios, que es invisible, que en Omnipotente y omnipresente, por lo tanto, así como el viento, que no lo vemos, más podemos sentir su presencia. Predicar con nuestro ejemplo de fe y de adoración a un Dios que creó el universo y a nosotros imagen y semejanza suya, en eso consistirá el éxito de esta ardua tarea, pero que su fruto, valdrá la pena: “Viva de hecho, lo que con su boca profesa”.
  • “Creo en Jesucristo su único hijo, Nuestro Señor”, nuestro Padre celestial en su infinito amor, envió a su hijo unigénito a este mundo para salvar a la humanidad de sus pecados, por lo que Cristo, su hijo, siendo de naturaleza divina, por lo que fue concebido por el Espíritu Santo, adquiere también la naturaleza humana al nacer de la Virgen María y para salvarnos padeció por la condena de Pilatos, muriendo en la Cruz del Calvario y resucitando al tercer día.
  • “Creo en el Espíritu Santo” se suele enseñar sobre Dios Padre y Jesucristo hijo, y nos olvidamos del Espíritu Santo, cuando en realidad son tres divinas personas en una: La Santísima Trinidad” el cual posee la misma naturaleza divina de Dios padre y de Jesucristo su hijo y que al igual que ellos, recibe la misma adoración y la misma gloria y vino a enseñarnos la verdad.

Además de enseñar a los niños quien es el Espíritu Santo, también se hace referencia a sus frutos y sus dones. Los dones son siete: sabiduría, entendimiento, ciencia, piedad, fortaleza, consejo, temor de Dios.

 Los frutos son doce: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad, dominio propio, fe, mansedumbre y templanza.

Estos elementos son el producto de permitirle al Espíritu Santo que obre en nosotros y nos convierta ayudándonos a crecer espiritualmente y sobrellevar como personas el sufrimiento ante las dificultades que en la vida se nos puedan presentar y ser firmes en nuestras decisiones y emociones.


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